El Oro de los Alquimistas
Lunes, 14 Julio 
Cobre de Cáliz, una onza; Oropimente, azufre nativo, una onza y plomo nativo, una onza; rejalgar descompuesto (sulfuro de arsénico), una onza. Cuézase en aceite de rábano, con plomo, durante tres días. Póngase en una cubeta y colóquese sobre las brazas, hasta que el azufre haya desaparecido, entonces retírese del fuego y se encontrará el producto.
De este cobre tómese una parte y tres partes de oro. Fundase a fuego fuerte y se encontrará convertido todo en oro, con la ayuda de Dios.
Si Ud. sigue esta receta, obtendrá una aleación de: 66% de oro y 33% de una mezcla de cobre, plomo y arsénico; Esta aleación parecería, muy cercanamente, al oro puro, en color y resistencia. Desde el momento mismo en que el hombre transformó una piedra en un utensilio, se estableció en él la actitud de expectación ante la materia y la necesidad de comprenderla para poder transformarla en formas más útiles a sus necesidades. Así, los primeros sabios naturalistas, que comenzaron la especulación científica, se centraron en la naturaleza de las cosas y en el estudio del elemento fundamental de la materia.
Para Tales de Mileto, todo estaba formado por el agua, para Heráclito el fuego; hasta desarrollarse la teoría de los cuatro elementos. Aristóteles sistematizó su teoría de la materia, según la cual había un elemento persistente, -la materia-, y un elemento que se transforma, -la forma-. Sin embargo la transformación, según esta teoría, no se puede hacer directamente, sino que debe pasar por un proceso de descomposición como sucede con los alimentos, que deben ser digeridos para transformarse en carne.
Esta teoría indicaba, así, que podía darse cualquier forma a la materia; no es de extrañar, pues, que surgieran personas empeñadas en la transmutación de la materia y, siendo el oro el mineral más valioso, que los esfuerzos se dirigieran a la transmutación de metales menos costosos en oro. El propósito ostensible del alquimista era el de transformar metales en oro. En nuestro tiempo sabemos que la transmutación de un elemento en otro requiere de cantidades de energía (nuclear) que no estaban a la disposición de nuestros alquimistas. La transmutación, de un elemento en otro, sólo se logra por medio de una reacción nuclear, y no puede lograrse por medio de reacciones químicas; sin embargo, antes de los trabajos de Lavoisier no había ninguna razón teórica que impidiera la transmutación de un elemento en otro.
