El Coral Rojo una Joya
Lunes, 9 Junio 
El mar ofrece a la humanidad un sinnúmero de productos con los que ha podido, desde la antigüedad, adornar tanto su persona como objetos y muebles que ha utilizado. Entre los más bellos productos que el mar ofrece a la vanidad de los humanos está, sin duda alguna, el coral rojo, que en todos los tiempos ha servido de preciado adorno con el que muchos pueblos se engalanaban y ornamentaban, para distinguir sus atavíos de guerra.
En algunas culturas de Oriente, el coral rojo no representa sólo un adorno muy estimado, sino que también es señal de dignidad o mando: los mandarines de China lo llevaban como atributo de su autoridad. Los turcos eran también muy aficionados a los adornos de coral, que no sólo usaban en su persona, sino también en la decoración y ornato de sus viviendas. Los griegos designaban al coral con el nombre de korallion, que significa “adorno del mar”, este vocablo pasó al latín como corallium, del que se derivó la palabra coral.
La parte realmente aprovechable del coral para fabricar las joyas y que es por la que se le extrae, es el eje duro calizo que sirve de sostén, armazón y esqueleto a la viviente corteza blanda en la que se encuentran pequeños organismos llamados pólipos. El color del eje calizo ofrece gran variedad de matices que van del rojo al rosado y algunas de estas coloraciones tienen una delicada y suave tonalidad rosa, la más buscada por los buceadores. El eje calizo tan compacto y homogéneo es susceptible de ser sometido al más perfecto pulimento sin que se disgregue y resquebraje, propiedad que permite trabajarlo y tallarlo de mil diversas formas para lograr infinidad de objetos de adorno o de arte.
La extracción del coral se efectúa con gran intensidad en el Mediterráneo, a pesar de que hoy día ha disminuido mucho el uso del coral fino, al que se ha sustituido por bisutería, aunque siempre se puede reconocer el auténtico coral, ya que se observan las capas concéntricas de los materiales que forman el eje y porque al quemarlo produce un olor a cuerno.
Se han utilizado muy diversos procedimientos para la explotación del coral, desde la recolección a mano, buceando a poca profundidad, hasta el empleo de escafandras. También se emplean barcos coraleros de cierto tonelaje, los cuales llevan un cabestrante en la proa que permite lanzar al agua el instrumento para la recolección, que está compuesto por una cruz de madera con suficiente lastre para que pueda descender hasta el fondo; cada brazo de la cruz va provisto de trozos de redes. La cruz queda prendida en las ramas del coral, las rompe y durante una hora aproximadamente los colgantes de las redes retienen el coral suelto; luego se iza a bordo y se recoge el producto que después se ha de comercializar.
Al coral, cuando se le saca del agua, se le llama “coral bruto”; tiene un cierto valor, que va aumentando de acuerdo con la calidad de elaboración o trabajo de que es objeto. En esta evaluación intervienen las características del coral, la perfección de la labor y el valor artístico de la obra. Uno de los factores que más influyen en la mayor estimación del coral es su coloración, siendo los de tonalidades delicadas los más apreciados, en tanto que el matiz rojo es menos buscado.
